1. ETAPAS EN EL DESARROLLO DE LOS CABALLOS

Todos los caballos de carreras del hemisferio norte nacen durante los primeros meses de cada año y está establecida la convención de que cumplen años cada 1 de enero.

Aunque empiezan a correr cuando han cumplido dos años, no es hasta que cumplen tres cuando alcanzan el 97/98% de su crecimiento externo, al osificarse los cartílagos de los huesos más largos. Su desarrollo óseo pleno no concluirá hasta los 5 años, que será cuando los huesos hayan adquirido su definitiva fortaleza.

 

1. Manejo y doma de foals y yearlings


Los potros recién nacidos se ponen en pie en seguida con unos 40 kilos y, si todo va normal, a los 4 meses pesarán ya unos 165. Durante su primer año de vida, los potros se denominan “foals”.

El destete se lleva a efecto, al menos, seis meses después y una buena lactancia será básica para el devenir deportivo. Es importante que el destete no sea traumático. Posiblemente la forja del temperamento y también algunas de las posibles manías que se pueden llegar a manifestar en la edad adulta, hayan sido adquiridas en este inicial periodo de tiempo. Por ello, en las yeguadas, habitúan a los foals al contacto humano y, desde los tres meses, al ronzal.

El destete se considera un suceso relevante para la crianza porque implica la separación de la madre y la adaptación a una nueva alimentación. Con la dentición de leche ya culminada, el foal, en lo que se conoce como destete gradual, podrá iniciarse en el pastoreo complementando con ello la cantidad de leche que su madre todavía le esté proporcionando. Este proceso puede tener una duración de cuatro semanas.

La separación de las madres se efectúa segregando machos de hembras en prados distintos por los que galopan en espacios amplios sin obstáculos. Los comederos y bebederos se suelen colocar distantes entre sí para inducir al movimiento.

Este ejercicio contribuirá a su desarrollo general y fortalecerá músculos, tendones, ligamentos y articulaciones y provocará tanto el apetito como la adecuada digestión y asimilación.

Cumplido el primer año, los potros de denominan “yearlings” y a los dieciocho meses se preparan para las subastas, pasando los animales del régimen de libertad a la estabulación. Cerrándoles el prado, se pueden evitar algunos golpes y mataduras poco estéticas y mediante el cepillado y complementos alimenticios, lucen un pelo brillante que los hace más atractivos para los potenciales compradores.

Mediante la doma, el potro aprende, primero, a conducirse con la acción de los distintos aires y después, y poco a poco, a soportar la sobrecincha, la cabezada dispuestas con un freno, y las riendas. El paso siguiente consiste en colocarle, dentro del box, una montura de cierto peso. Posteriormente se le irá acostumbrando a unos estribos que le vayan rozando las costillas al caminar. Al cabo de varios días se subirá un jinete poco pesado y lentamente pasará de reposo a caminar y luego a responder a las riendas. El siguiente paso es aprender a caminar detrás de un caballo viejo y tranquilo, al paso y al trote. Finalmente, y ya con otros yearlings, empezará a galopar montado.

 

2. Los dos años y la primera carrera


Los primeros entrenamientos contribuyen al desarrollo muscular y pulmonar. Los potros aprenden a respirar galopando y van reduciendo progresivamente el número de inspiraciones mejorando con ello el rendimiento deportivo. En esa etapa, el ejercicio suele consistir en intercambiar la marcha al paso, con el trote y el galope corto para, posteriormente, ir ampliando a un galope algo más vivo, simplemente para dilatar los pulmones. Otro aspecto que se trabaja en las sesiones de entrenamiento es la moral del potro y su voluntad de vencer a los otros productos con los que galopa.

Ni todos los preparadores siguen las mismas pautas de entrenamiento, ni todos los potros necesitan la misma intensidad. Hay caballos más apáticos, que requieren más tiempo y trabajos más exigentes y otros, en cambio, que se emplean con más generosidad y que alcanzan fácilmente la forma necesaria para debutar. En ocasiones se presentan contratiempos que retrasan la fecha del debut. Entre ellos, las sobrecañas y el celo en las hembras.

Pese a la importancia de los galopes de entrenamiento para decidir a fecha del debut deportivo, estos no siempre permiten predecir con exactitud qué tal correrá el potro cuando salga a la pista. Hay caballos que galopan mucho en los entrenos de las mañanas y que luego compiten peor y otros que se emplean mejor en carrera cuando perciben que la competencia es real.

Los potros de dos años compiten entre ellos (salvo a final de temporada) y en distancias más cortas. Los programas de los distintos hipódromos incluyen carreras, hasta el 30 de abril, solo en carreras de 800 a 1.000 metros. Posteriormente los metrajes van subiendo gradualmente hasta un máximo de 1.800 metros.

Durante los primeros meses nuestro calendario contempla que potros y potrancas de dos años participen en igualdad de peso y a partir de mediados de año las potras reciben descargo en atención al mayor peso y musculatura que van desarrollando los machos.

Principalmente durante las temporadas de dos y tres años las reglas de los programas de carreras contemplan pruebas reservadas a hembras.

 

3. La edad clásica


Existe la convención generalizada de que el valor deportivo alcanzado durante la temporada en la que los caballos tienen tres años es la que mejor determina su valor futuro como reproductores.  Por ello, en todos los países hay un calendario muy específico para que los caballos entrados con el año natural en los tres años (la llamada “edad clásica”), puedan dirimir entre ellos la supremacía en los tres rangos de distancia: velocidad, milla y fondo.

El calendario cásico español, tanto para machos como para hembras, responde a un prototipo próximo al estándar internacional para las diferentes distancias, con grandes premios, entre los que destacan el Derby y el OAKS y un conjunto de carreras previas denominas preparatorias que permiten ir seleccionando, a medida que avanza la temporada, a los futuros campeones clásicos. Las principales carreras para potros y potrancas de tres años tienen lugar en primavera.

Un factor distorsionador del rendimiento de las hembras, y precisamente con mayor intensidad en primavera, es el celo. Suele conllevar irritabilidad, falta de apetito y menor valor competitivo durante una semana.

Los hipódromos programan también carreras intergeneracionales, en las que los tres años se enfrentan a los viejos (cuatro o más años) con pesos por edad o bajo la modalidad de hándicap. Debido a que el desarrollo de un potro de tres años no está completo, en las carreras de peso fijo por edad los caballos viejos recargan kilos. A modo de ejemplo, en el Gran Premio de Madrid, carrera cumbre del calendario español y que se cebra al final de la primavera, los tres años llevan 55 kilos y los viejos, 61. Estas diferencias se van reduciendo a medida que avanza el calendario y el desarrollo físico de los tres años.

Ver en la tabla de diferencias de peso por edad en función de la distancia de la carrera.

A su vez, las hembras, cuando compiten frente a los machos en carreras de peso fijo, descargan un kilo y medio.

 

4. Los caballos de edad o viejos


Llegado el 1 de enero del año en que se cumple el cuarto desde su nacimiento, los caballos pasan a conocerse coloquialmente como “viejos”.

Las carreras de élite en que tienen opción a participar los productos de cuatro años en adelante están abiertas a todos los ejemplares que, como mínimo, tengan esa edad, salvo las que desde finales de junio (es el caso del Gran Premio de Madrid) permiten el acceso a los ejemplares de tres años. Los tres años, cuando compiten frente a los viejos en carreras que no son hándicap, reciben, en atención a su menor desarrollo físico y para equilibrar sus opciones, un descargo.

Los caballos evolucionan de muy distinta manera entre los tres años y los cuatro y los de alzada superior a la media (160 cm aproximadamente) tienden a mejorar más en su rendimiento a la edad de cuatro años ya que necesitan más tiempo para cuajar su voluminosa estructura ósea. Por otra parte, está generalmente admitido que conforme avanzan en edad, los caballos ganan en capacidad de fondo y pierden velocidad.

2. TIPOS DE CARRERAS

Con antelación al comienzo de cada temporada el Jockey Club Español, entidad reguladora de las carreras de caballos en España, aprueba los programas presentados por las distintas sociedades organizadoras de carreras (los hipódromos) y en ellos vienen perfectamente detalladas todas las características y condiciones de cada una de las carreras. En las páginas web de los distintos hipódromos aparecen publicados los programas. Ver:

Programa de carreras 2018 Hipódromo de la Zarzuela

Programa de carreras 2018 Hipódromo de San Sebastián

Programa de carreras 2018 Gran Hipódromo de Andalucía

Atendiendo a cómo se determina el peso que debe llevar cada caballo participante en una carrera, existen tres tipos de carreras:

El objetivo de esta práctica es doble. Por una parte, se pretende maximizar la incertidumbre en cuanto al resultado de la carrera de manera que el pronóstico se dificulte y, con ello, aumenten los volúmenes apostados. Por otra, se incrementan las posibilidades de que todos los caballos tengan opción de terminar ganando carreras (y los propietarios rentabilizando su inversión) ya que los peor clasificados en un hándicap, en el siguiente salen en mejores condiciones relativas de peso frente a los demás. E inversamente los mejor clasificados.

Para poder entrar un hándicap en España, es necesario que el caballo haya corrido, al menos, en dos carreras previas de cualquier otro tipo. Esta condición tiene el propósito de que se conozca razonablemente cuál es el valor de los caballos que compiten para poder asignar de manera eficiente los pesos a llevar por todos los participantes.

La asignación de los pesos a llevar por los caballos inscritos en una carrera de hándicap, la realizan unos expertos oficiales que reciben el nombre de handicapers y que son nombrados por el Jockey Club Español. En relación con ello, existen unas tablas de valores oficiales de todos los caballos que han corrido al menos dos veces en España y que se publican periódicamente por el Jockey Club Español.

Las carreras de condición son aquellas en las que se establece un peso de referencia y los kilos que llevarán los participantes son asignados, mediante recargos o descargos sobre dicha referencia, en base a las actuaciones anteriores desde determinada fecha.

La primera condición es la que permite, o no, que el caballo pueda ser inscrito para la carrera en cuestión. El carácter excluyente puede venir originado en relación con factores tales como la edad, el sexo, el número o nivel de las carreras ganadas, el tipo de carrera más importante en que triunfó, la dotación del mayor premio conquistado, las ganancias acumuladas desde una determinada fecha, etc. Cumplidas las condiciones para admitirse la inscripción, un baremo determina el peso concreto asignado con que debe correr cada caballo.

Son pruebas libres de recargos o descargos. En ellas se compite a peso fijo, con los descargos normales por edad y sexo. En ocasiones, puede haber algún recargo como en las de condición. Buscan, por tanto, que los mejores caballos sean los ganadores y, a excepción de las que disputan los dos años durante la temporada de primavera, las carreras a peso fijo incluyen las principales carreras de nuestro calendario: las clásicas que disputa la generación de los tres años y las pruebas estrella intergeneracionales. Las carreras de mayor nivel son las catalogadas como de Listed y de Grupo.

3. COMPETIR FUERA DE ESPAÑA

La actividad de las carreras de caballos tiene un carácter global. Los entes reguladores de cada país (en España, el Jockey Club Español) están coordinados a efectos de homologación de los jinetes, los caballos y los códigos, entre otras cosas, de manera que los caballos pueden competir internacionalmente.

Es frecuente que caballos de cuadras españolas salgan a competir fuera de nuestros hipódromos, muy especialmente, en Francia y, sobre todo, los caballos estabulados en san Sebastián, por razones obvias. Dado que en Francia hay varias jornadas de carreras cada día esta opción supone una oportunidad para suplementar los ingresos y para encontrar más carreras adecuadas para las características de nuestros caballos. El transporte, con los modernos camiones existentes, no es un problema apreciable aunque, lógicamente, al coste de la matrícula hay que añadir el del viaje del caballo, el mozo y, en su caso, el jockey.

Naturalmente, también algunos caballos franceses compiten con cierta frecuencia en nuestras carreras más atractivas desde el punto de vista de la dotación

4. EL RETIRO DEL CABALLO

Los caballos de carreras tienen una vida deportiva relativamente corta. El nivel de exigencia al que la alta competición les somete hace que sean frecuentes las lesiones que, cuando son de gravedad, sin limitar su futuro en otras actividades, sí impiden que sigan compitiendo en carreras. La otra causa que recomienda el retiro es el que, aún estando sano, su rendimiento e interés por competir decaiga significativamente.

Por término medio, los caballos se retiran cuando tienen cinco años, aunque hay casos de caballos que siguen compitiendo con éxito con diez o, incluso, más años.

Llegado el momento, el propietario debe tomar la decisión de sacarlo del hipódromo y darle un merecido descanso. Es mucho mejor retirar al caballo mientras está sano y plenamente capaz de prosperar en una segunda vida deportiva en otra disciplina o servir de caballo de recreo, que pueden ocuparle durante otros 15 años, que arriesgar a que sufra una lesión irreversible en la pista.

5. NOCIONES SOBRE CONFORMACIÓN Y LESIONES

1. Conformación


Conformación es la palabra utilizada para describir la apariencia morfológica de conjunto de la anatomía de los caballos y más en concreto, la proporción general, la disposición de sus músculos, huesos y otros tejidos tendinosos y cómo van ligados entre sí. Aunque una perfecta morfología no siempre garantiza un caballo de éxito, ni al revés, en general, la corrección física incrementa la probabilidad de tener un atleta que pueda superar las exigencias de la alta competición de los hipódromos. Por el contrario, defectos de conformación incrementan la posibilidad de lesiones. Por todo ello, antes de comprar un potro es importante contar con el asesoramiento de un experto que sepa valorar la conformación.

La valoración debe reparar sobre  aspectos tales como los siguientes:

El potro o caballo debe estar bien proporcionado y su musculación acorde con su físico. Los huesos han de ser finos y bien perfilados y lejos de bastedad. Aparentar solidez bastante, sin llegar a incurrir en la acentuada consideración de liviano.

Este es un aspecto difuso, pero existe el consenso de que es importante que se aprecie que controla el entorno que le rodea, manifestando viveza y estado de alerta.

Por lo general todos los caballos tienen algún defecto frente al tipo ideal. La cuestión radica en identificarlos y evaluar si esas imperfecciones pueden afectar negativamente al rendimiento. En muchos casos esas “taras” son observables a simple vista por un experto y algunas de ellas, tienen carácter hereditario. Por ello, es útil conocer en qué medida ese defecto influyó en la trayectoria deportiva de su ancestro.

  • Vista lateral

Cada uno de los cascos delanteros tiene que ser capaz de soportar una considerable presión. En plena carrera, un pura sangre de 450 kilos traslada en cada tranco el equivalente a 100 veces la fuerza de la gravedad, por lo que es esencial que el pie tenga la forma adecuada para resistir y amortiguar este impacto. Por ello debe considerarse la proporción y tamaño del casco y también que se ha desarrollado transversalmente el cojinete plantar. Está relativamente extendida la creencia de que un casco grande se adapta mejor a las pistas de hierba que a las de arena o fibra. En cuanto a la altura, lo preferible es la media, los tendentes a cortos fatigan algo más al caballo durante la carrera. Los cascos negros o grises son más resistentes que los claros. Es conveniente observar que ambas extremidades tengan el mismo tamaño, lo contrario denota haber sufrido afecciones. El crecimiento inadecuado del casco puede corregirse mediante el herrado en las fases más tempranas. Cuando se presenta en edades adultas, no pocas veces está manifestando desviación de las articulaciones.

La cuartilla tiene por base la primera falange, con los tendones extensores en la parte anterior y los flexores en la posterior. Debe estar en correspondencia con la escápula, en un ángulo de 45/50 grados entre la vertical y la horizontal. Su longitud debe ser proporcionada, una cuartilla demasiado larga conlleva una acción de galope más suave pero fuerza la función del menudillo y su sesamoideo y representa debilidades y tensiones añadidas sobre el tendón, mientras que si es demasiado corta, la acción resultará más trepidante y aunque el menudillo se resentirá menos, estará expuesta a sufrir más las percusiones sobre el terreno.

El menudillo debe tender más a la forma oval que a la esférica; disponer de anchura y espesor (aspecto deseable para todas las zonas de articulaciones) en su parte ósea y que visto frontalmente esté bien aplomado, coincidiendo su eje con la vertical. De lo contrario, al no ir equilibrado el peso, pueden existir riesgos sobre la firmeza de los tendones.

El hueso de la caña debe ser corto para que pueda soportar la carga requerida, fuerte y con densa masa, compensado en anchura y profundidad.

El hueso debe salir limpiamente de la parte inferior de la rodilla o del corvejón y estar bien centrado en la vertical, de no ser así implicará mayores riesgos, particularmente para los tendones de los músculos flexores. Ambos, superficial y profundo, deben discurrir en paralelo por la parte posterior y estar bien perfilados y separados entre sí, sin visos de estrangulación por cercanía, que en no pocas ocasiones aparece en la parte alta de la caña

La rodilla cumple un papel de amortiguación. Externamente debe apreciarse libre de tejido conjuntivo y sin grasa. Los casos de rodillas arqueadas son contraindicados para los caballos de carreras por la descompensación de la carga que representan y el desgaste que ocasionan.

La escápula o espalda es deseable que sea larga; cercana a la longitud de la cabeza. Su angulación y su longitud son determinantes de la amplitud del tranco, en razón a que su movimiento pendular interacciona con el antebrazo. A mayor angulación, mayor tranco; y a la inversa. Se considera que la amplitud de tranco es beneficiosa para las carreras de fondo, mientras que la mayor frecuencia es mejor para las de velocidad. Actualmente se considera que  una angulación próxima a los 60 grados es la más deseable.

El cuello debe formar un ángulo aproximado a 45º con la horizontal del suelo y tener una longitud, por su parte superior, aproximada a la de la cabeza. Más largo sobrecarga las manos y más corto o erguido, representa lastre en forma de fatiga para la velocidad y riesgo para corvejones y menudillos posteriores.

La cabeza debe estar libre de carne o grasa, con la musculación realzando sobre el hueso y la piel presentarse suave y aterciopelada. Su tamaño ideal es de, aproximadamente, el 40% de la alzada a la cruz y es preferible que sea ancha.

Unos ojos grandes y con expresión viva se suelen interpretar como signo de inteligencia y equilibrio.

La cruz es el referente utilizando con los potros para estimar la altura que alcanzará de adulto.

El lomo, por su funcionalidad, requiere que su posición sea recta, para que pueda proyectar una traslación mecánicamente homogénea de la energía en el galope. De ahí que cuando su forma es marcadamente cóncava en el dorso, se considera defectuoso.

La grupa debe ser de larga extensión para favorecer la impulsión. Respecto a la anchura, que viene determinada por la distancia entre caderas, lo deseable es su amplitud. Esto último, y también una apreciable equidistancia entre las puntas de nalga, son virtudes muy a considerar para las futuras yeguas reproductoras.

Los corvejones (el equivalente a las rodillas en las extremidades anteriores) son preferibles con una angulación entre los 140-150º. Por la medición primera se consideraría cerrado y por la segunda, abierto o derecho. Respecto al abierto, el cerrado exige más esfuerzo, pero proporciona más impulsión y soporta menos presión al impactar sobre el terreno.

  • Vista frontal y trasera

Tienen como objeto principal determinar el grado de corrección de los aplomos, en cuanto al equilibrado del peso que van a soportar.  La medida de la desviación que se observe, tendrá una correspondencia directamente proporcional con el riesgo de padecer lesiones más prematuramente.

En los aplomos delanteros, para merecer la consideración de perfectos, la línea que baja perpendicularmente desde el eje de la escápula tiene que descender perfectamente durante toda su caída longitudinal, por antebrazo, rodilla, caña, menudillo y cuartilla, hasta concluir en el centro del casco. Además, ha de resultar simétrica para ambas manos. Estacionado debidamente el caballo, el espacio de distancia entre los dos cascos debe tener la anchura de, precisamente, un casco para ser considerado perfecto. Aunque hay numerosas excepciones, la asimetría en los apoyos incrementa la propensión a lesiones de tendón y ligamentos.

Vista frontalmente, si la extremidad delantera presenta un giro hacia adentro, se le cataloga como estevadoy tiene el riesgo añadido para sus manos de los alcances.

En los aplomos traseros la línea que baja perpendicularmente desde la punta de la nalga, tiene que descender durante toda su caída longitudinal, por pierna, corvejón, caña, menudillo y cuartilla, hasta concluir con la mayor precisión posible en el centro latitudinal del casco.

Como para los anteriores,  ambos posteriores deben ser simétricos. Estacionado debidamente, el espacio de separación entre los dos cascos traseros del caballo debe observarse el espacio del ancho de un casco. Cuando no sucede así y la separación es mayor o menor merece, respectivamente, el apelativo de abierto o cerrado de atrás.

  • Vista lateral de las extremidades

Si dividimos la anchura superior del antebrazo en tres partes y trazamos una línea vertical entre el tercio medio y el posterior, ésta deberá dividir rodilla, caña y menudillo en dos mitades iguales hasta tocar el suelo sobre tres centímetros por detrás del talón del casco.

La cuartilla demasiado larga o inclinada no es deseable.

En cuanto a las extremidades posteriores, una línea vertical que descienda desde el encuentro, hasta el suelo, debe tocarlo unos tres centímetros por delante del casco trasero para que el caballo merezca la consideración de perfectamente aplomado. Si lo hiciera sobrepasándola, su defecto merece el nombre de plantado de delante y si, por contrario, lo hace muy por detrás de esa vertical el término que se aplica a tal defecto es, remetido de adelante.

2. Lesiones


Las lesiones más frecuentes de los caballos de carreras son: las sobrecañas, el sobrehueso, tendinitis, la lesión del ligamento suspensor, microrroturas de hueso (rodilla, corvejón o menudillo), fractura del condilar de la rodilla o del sesamoideo, el sangrado nasal, los alcances con el casco y los cólicos.